¿Cómo cuidamos a nuestros niños?

Columnistas | 15 Ago. Lic. en Nut. Débora Sotelo.
Actualmente se han modificado los ideales en salud. Ya los valores de referencia como por ejemplo el colesterol, la glicemia, la medida de la cintura exigen mejores niveles.
Esto se debe a que evidentemente hemos sido muy permisivos y como consecuencia “estamos como estamos”, enfermos y muriendo de enfermedades que son absolutamente prevenibles y controlables.
Siempre les hablo de que todos poseemos características determinadas que nos hace que seamos diferentes uno de otro; y que el peso de lo que nuestros padres y abuelos han hecho con su cuerpo nos llega porque está en lo más interno de nosotros (en nuestro ADN, el sello de donde venimos).
Pero, también les he mencionado que está en nuestras manos la decisión de que nuestro futuro sea diferente. Esto es, a partir de nosotros, modificar los factores que dependen de nuestra voluntad, para lograr de este modo que nuestras futuras generaciones gocen de un mayor bienestar. ¿Quién no desea el bienestar de sus hijos?
Trabajamos todo el día y decimos “es por mis hijos”, mientras tanto, cuando terminamos la jornada usamos el dinero que con tanto esfuerzo logramos en llenar el carro del comercio con comidas de elaboración rápida, bebidas llenas de colorantes y conservantes, productos con elevado tenor graso y/o sal y/o azúcar de regalo para nuestros hijos (obleas y galletitas rellenas, etc.). No somos concientes de que si vamos a pensar en ellos, también y yo diría que es en primer lugar que lo que debemos considerar es su alimentación y su actividad.
¿Somos realmente concientes de que lo que comemos es lo que determina nuestro estado de salud?
Es cierto, los factores como el cigarrillo, el alcohol, estrés tienen peso en el desarrollo de la enfermedad, sin embargo, si el estilo de vida es adecuado, dichos agentes afectan de manera diferente.
¿Cuáles son los principales aspectos que debemos vigilar en nuestros hijos? El crecimiento y desarrollo: aumento de peso dentro de un mismo canal. Idealmente que la línea de peso se mantenga en la media (usted la visualiza con el color verde en el carné de control pediátrico).
Es tan perjudicial el sobrepeso como el bajo peso. Ambas traen como consecuencia enfermedades crónicas, de las cuales la mayoría son irreversibles.
Bajo peso
Importa evitarlo dados los daños que se ocasionan principalmente a nivel del sistema nervioso central; se logra disminuir su incidencia con adecuados controles durante el embarazo.
OBESIDAD INFANTIL
El sobrepeso infantil se ha transformado en una de las preocupaciones mayores por parte de salud pública.
Según encuestas realizadas recientemente, aproximadamente 1 de 4 niños padece sobrepeso u obesidad. Además, 1 de cada 10 niños es obeso de riesgo médico.
Se considera obesidad cuando el peso observado es mayor al esperado teniendo en cuenta la altura y el sexo; caracterizándose por el exceso de grasa corporal.
El crecimiento es el resultado de la interacción de factores genéticos aportados por la herencia y las condiciones del medio ambiente en que vive la persona.
Ambientales: Nutricionales (cantidad y calidad de alimentos consumidos); Sociales, económicos y culturales; Psicológicos. Se destaca el incremento del sedentarismo como un importante factor.
Genéticos (herencia)
Si bien la herencia no puede modificarse, los aspectos ambientales pueden ser absolutamente modificados y adecuados.
Se ha observado que el problema en el excesivo aporte calórico que lleva al niño a la obesidad no se debe tanto a la cantidad de alimentos consumidos sino a la calidad de ellos.
Se ha encontrado un grupo de niños obesos que consumen una elevada cantidad de alimento. La mayoría de los que han desarrollado la enfermedad consumen cantidades similares a los de peso normal pero lo hacen en forma desordenada y la calidad de dichos alimentos resulta inapropiada, siendo las grasas y azúcares los nutrientes predominantes y la fibra prácticamente inexistente. Esto conduce a un desequilibrio energético que favorece el aumento de peso.
No es novedad para nadie el masivo consumo de productos procesados e industrializados como las papas fritas, snack, refrescos, alfajores y golosinas por parte de los niños. Estos productos son en gran parte responsables ya que son portadores de grandes cantidades de grasas y/o azúcares de calidad inadecuada para el óptimo crecimiento y desarrollo.
Esto podría conducir a aumentar los niveles de colesterol u otras grasas en la sangre, las cuales favorecen el desarrollo de arterioesclerosis, enfermedad que, si bien se manifiesta en la adultez, puede comenzar a desarrollarse en la infancia.
De hecho, es cada vez más frecuente encontrar en la consulta, niños que además de presentar obesidad ya tienen cifras elevadas de colesterol y/o triglicéridos en su sangre.
Otras de las enfermedades que se asocian a la obesidad son hipertensión arterial (presión alta) y diabetes.
El consumo frecuente de este tipo de productos incrementa la posibilidad de padecimiento de ambas enfermedades.
Pero, como si esto no fuese razón suficiente, no se debe omitir la adición a estos productos de conservantes, aditivos y colorantes, los cuales consumidos en grandes cantidades son altamente perjudiciales para la salud (cancerígenos y alergénicos).
el peso de la herencia
El riesgo de obesidad en el niño se multiplica por 4 cuando uno de los padres es obeso. Pero es 7 veces mayor si ambos padres presentan exceso de peso.
Esto demuestra la importancia del factor genético en el desarrollo de la obesidad.
Si el niño tiene una conducta alimentaria y de actividad física adecuadas, no debemos preocuparnos ya que seguramente tendrá un crecimiento y desarrollo óptimos.
En la infancia es cuando podemos lograr cambios importantes en su forma de alimentarse, para que se mantengan en su vida adulta.
Escucho todos los días: “a mi hijo no le gusta…” (ejemplo: tomate, manzana, acelga, pescado, hacer ejercicio, etc). Sin embargo, nunca ese alimento está servido en su mesa o nunca se sale a caminar o practicar deporte.
Si queremos cambiar el futuro, debemos hacerlo desde nosotros y prospectarlo a nuestra familia. No va a lograrlo si pretende imponerlo sin que usted sea parte de dicha actitud.
Entre todos podemos lograr que nuestros niños tengan todo lo que soñamos para ellos, partiendo de contribuir a su salud.
Como responsables de ellos es necesario trabajar en conjunto con los educadores a fin de forjar comportamientos que le permitan mejorar su calidad de vida.