Columnistas | 19 Jun. Lic. Nut.
Débora Sotelo.
Como lo dice la palabra, engordar se le denomina al aumento de la gordura, es decir, de grasa corporal.
Cuando una persona consume más calorias de las que requiere. el cuerpo comienza a acumular la energía que no necesita en forma de grasa (tejido adiposo).
Pero, ¿por qué esa persona engorda?, o mejor dicho ¿por qué esa persona no disminuye su ingesta al observar el incremento de peso?
Se sabe que la obesidad es una enfermedad que se desarrolla como producto de una conducta caracterizada por el escaso control de los alimentos que se consumen. En otras palabras es consecuencia de una adicción que comienza siendo simplemente un comportamiento de “comer lo que me gusta”.
Al principio la persona come cantidades mayores a las habituales ya sea cuando se sienta a comer o de modo continuo durante el día, esta última conducta frecuentemente conduce a perder la noción del valor calórico o energético de lo consumido y al autoengaño de que no ha comido mucho.
Inicialmente, es una conducta que se disfruta, pero luego la persona no puede, aunque lo desee, controlar dicha adicción.
El mundo científico nos ha revelado que esta forma de comportamiento también puede fundamentarse en mecanismos cerebrales que favorecen las conductas adictivas, no solamente en relación a la comida sino también a drogas como por ejemplo nicotina.
Pero, ¿cuál ha sido el error en relación en los tratamientos para intentar curar esta enfermedad o revertir dicha conducta adictiva?
El grave error que se ha cometido y se continua haciendo es depositar en “la pobre dieta” o talves en esa “fabulosa y extraordinaria dieta de moda” la solución al problema fantaseando con bajar innumerable cantidad de kilos en el menor tiempo posible, desestimando el compromiso consigo mismo y depositando en esa receta “casi mágica” toda la esperanza de “transformarse en esa persona que se idealizó”. Si investigáramos un poco, quizás descubriríamos que la palabra dieta sea la más pronunciada en todos los ámbitos de la sociedad y en diferentes edades.
Este es un clásico ejemplo de aquel proverbio que dice: “cada maestro con su librito”, porque aún los especialistas no nos hemos podido poner de acuerdo en relación a criterios a aplicar y quienes pagan por estas contradicciones son los pacientes que van de un lado a otro buscando la solución a su gran problema. Es tan fácil sentarse del otro lado de la mesa del consultorio e indicar un fármaco “quemador de grasa” apenas el paciente entra, sin “perder el tiempo” en escuchar a esa persona que además de grasa en exceso, tiene un complejo problema que vuelca en la comida como modo de silenciar o llenar ese vacío que siente.
Se suma a este problema el hecho de que a nivel científico se suceden informaciones que obligan a modificar las indicaciones y en ocasiones esto, lejos de contribuir a revertir el trastorno, produce mayor confusión en la persona que ya esta cansada de visitar diferentes consultorios en su infinita búsqueda de bienestar.
Por otro lado esta la falta de responsabilización por parte de la persona que sufre el problema.
¿A qué me refiero con esto? A que en ocasiones la “culpa” de su problema está afuera, es decir, atribuye su fracaso a diferentes tiranos como:
-la dieta, que no le dio resultado,
-el profesional con el que se trato no era bueno
-la retencion de líquidos no le permite bajar de peso
-la tiroides
-la familia no la ayuda, la heladera está siempre llena
-los dolores de rodilla no le permitian moverse y solo con la dieta no bajaba.
-etc.
-etc.
- etc.
Todos estos son los responsables, la persona “nunca jamás”.
Sobre esta base es imposible llegar a buenos resultados dado que la persona se autoengaña y no ve su propia realidad, que más allá de cualquier problema que exista y sea real y la afecte, el reconocimiento de que sufre una adicción a la comida o a determinados alimentos, es el puntapié inicial para comenzar un tratamiento exitoso.
Entonces, ¿qué hará?
Mírese al espejo, quítese el velo de los ojos y véase a usted mismo tal cual es, con sus virtudes y defectos. Verá que son mayores las virtudes y que usted “merece” vivir sin esconderse debajo de ese sobrepeso que lo aleja principalmente de usted mismo.
Viva feliz y en salud.
